TEBEOS

AGUSTINA DE ARAGÓN


 


MUJERES CÉLEBRES
AGUSTINA DE ARAGÓN

 

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SOLDADOS


 


SOLDADOS

 

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EL CABALLERO SIN NOMBRE - Chicos


 


SEMANARIO "CHICOS"
DIRECTORA PUBLICACIÓN: Consuelo Gil Roesset
AÑO: 1942
DIBUJANTE: Emilio Freixas
GUIÓN: José Mª Huertas Ventosa

 

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LOS SITIOS DE ZARAGOZA


Obtenido del II tomo de BREVE HISTORIA DE ARAGÓN
EDITADO POR: Caja de Ahorros de la Inmaculada. 1985
GUIÓN: José Antonio Parilla y José Antonio Muñiz
DIBUJOS: Jaime Marzal
ASESOR HISTÓRICO: Guillermo Fatás

 

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LA BATALLA DE VITORIA


DIBUJANTES: José Luis Salinas y Adolfo Usero
GUIÓN: Felipe Hernández Cava
Ikusager Ediciones Vitoria 1985

 

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GUERRILLEROS ESPAÑOLES



SEMANARIO "CHICOS"
DIRECTORA PUBLICACIÓN: Consuelo Gil Roesset
DIBUJANTE: Emilio Freixas
GUIÓN: José Mª Huertas Ventosa

Segunda parte de “El caballero sin nombre”
Nº 224 del 30 de agosto de 1942 a 240 del 10 de febrero de 1943

 

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LA PARTIDA DEL CHAMBERGO


LA PARTIDA DEL CHAMBERGO

 

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COMENTARIO

Algunos expertos en tebeos sugieren que el más antiguo “tebeo”  o “cómic” español se remonta a 1865 con la revista “En Caricatura”. Su evolución como medio de expresión gráfica entre los lectores, tanto adultos como niños, ha sido muy parecida a la de los  norteamericanos. Fue muy lenta en el periodo anterior a la Guerra Civil española de forma que el número de ejemplares catalogados antes de 1936 es muy reducido en comparación con los años posteriores a 1940. El número de publicaciones que aparecen antes de este año es aproximadamente 60, algunas de ellas con un escaso número de ejemplares . A mediados de los años treinta comienza a llegar al mercado español las principales series norteamericanas que aparecían en las tiras de los periódicos a través de diferentes publicaciones como es el caso del “Aventurero”, “Yumbo”, “Cine Aventuras”, “Mickey”, “La revista de Tim Tyler” etc... Todas ellas comenzaron a reproducir el material que aparecía en los periódicos americanos, tanto en su formato como incluso en el uso del color. Al mismo tiempo, el interés por este modelo de expresión gráfica se desplaza desde un público infantil a otro más adulto, debido a que las historias que se dibujan reflejan aventuras intemporales protagonizadas por héroes que comienzan a convertirse en verdaderos mitos. Nos referimos a los populares Tarzan, Flash Gordon etc...  Los autores y dibujantes españoles intentan a su vez a adaptarse a esta nueva  situación, de tal manera que hacia 1935 aparecen en los semanarios infantiles relatos de aventuras de una excelente realización gráfica aunque los guiones fueran más bien mediocres.      
La guerra civil supuso un cambio en la tendencia de las publicaciones de los tebeos. La nueva situación obligaba tanto a las editoriales como a los dibujantes a orientar su producción en función de los imperativos políticos existentes. Curiosamente hay que reconocer que esa situación no significó un retroceso o un parón  en la producción, sino más bien todo lo contrario. En efecto, por una parte el tebeo era un medio de evasión donde la realidad reflejaba un país arruinado por la guerra civil, por otra, las historias gráficas podían servir como un instrumento de propaganda o si se quiere de adoctrinamiento de una juventud necesitada de mitos. Nacieron semanarios como Flechas y Pelayos o Maravillas dotados de abundante literatura sobre temas históricos, centrados en la Edad Media,  pero con una reducida presencia gráfica y de  escasa calidad en el dibujo. 
Entre las publicaciones que aparecen esos primeros años posteriores a la guerra civil hay que destacar el semanario Chicos. Este semanario comenzó a editarse en San Sebastián en febrero de 1938 en un formato idéntico a Flechas y Pelayos, con menos paginas, a un solo color y a un precio de 10 céntimos frente a los 25 céntimos de sus rivales. Desde un principio buscó tener una amplia difusión popular manteniendo unos precios muy bajos, lo cual le permitió llegar a alcanzar tiradas de 110.000 ejemplares. Su enfoque inicial muy parecido al “oficialismo” de Flechas y Pelayos fue poco a poco independizándose hasta convertirse en una publicación verdaderamente privada gracias a la gestión de su directora Consuelo Gil Roesset. A partir de 1940 la directora incorpora a la revista  los mejores dibujantes y guionistas del momento como Emilio Freixas, Jesús Blasco, Carlos Roca, J. Iranzo, Alejandro Blasco, Tomás Porto, Ángel Puigmiguel, Alfonso Figueras, Francisco Hidalgo, Huertas Ventosa, etc. Según varios expertos esta publicación se convierte a mediados de los años cuarenta en la “mejor revista española de comics de todos los tiempos”  y el “máximo logro de los tebeos españoles” .        
Evidentemente no se puede hacer aquí una historia de este semanario, sino más bien señalar que su directora supo combinar acertadamente letra e imagen, de modo que se proporcionó, tanto al niño como al adulto, una publicación muy equilibrada que no resultaba aburrida, moralizante y panfletaria. Chicos trataba los temas deportivos, aventuras, historia, cine, literatura, oficios, etc. de forma recreativa y a la vez formativa.  Esta publicación alcanza su mejor época en el periodo comprendido entre1942 y 1949, para desaparecer definitivamente en 1952, debido a la competencia de otros tebeos, especialmente del cuadernillo de aventuras que ofrecía al consumidor episodios completos en vez de historietas que se prolongaban semana tras semana como era el caso de Chicos.
Debido a que el tebeo era un eficaz instrumento de propaganda e incluso de adoctrinamiento, una de las formas de cubrir este objetivo es recurrir a momentos culminantes de la historia de España. Para ello, se utilizan o manipulan los hechos históricos con objeto de justificar o explicar las circunstancias del presente. Así, era normal que en los primeros años cuarenta se dibujaran historietas exaltando los valores de la época imperial española o de la conquista de América en los que la epopeya se podía confundir, o por lo menos mezclar, con una exaltación de determinados valores hispánicos como eje fundamental de la ideología del momento. La raza y la religión eran los valores más  recurridos en las historias que aparecían en los semanarios de esos años. Una forma de llevar a la imagen esta tendencia era crear héroes españoles dentro de determinados parámetros, muy diferentes de los que figuraban en las historietas de origen americano. Estos héroes tenían necesariamente que parecer hombres perfectos. La raza, confundida con la noción de hispanidad o españolidad, forzaba a colocar en un bando contrario a todos lo que en el pasado fueron enemigos del imperio español. Tal era el caso de los musulmanes primero y después los ingleses, los franceses, junto los perdedores de la guerra civil, dentro de los cuales se incluyeron, en un principio, los Aliados de la Segunda Guerra Mundial. Ejemplos de estas características son Roberto Alcázar  que se publica en 1940, El Guerrero del Antifaz en 1944, El capitán Coraje en 1943...
La Guerra de la Independencia aparece poco en los tebeos españoles de los años cuarenta a pesar de sus posibilidades de exaltación patriótica contra un invasor “que había penetrado con engaños en España”. Los textos literarios de los tebeos se centran en dos o tres episodios como el Dos de Mayo, Zaragoza o Gerona. Las batallas no aparecen o solo se cita Bailén, como si la lucha se redujera únicamente a los guerrilleros españoles contra el ejército francés. Esta es una constante que aparecerá en todos los tebeos salvo raras excepciones. Los guerrilleros son los héroes que se imponen de infinidad de maneras y trucos a los franceses, a los que siempre se presenta como malvados o  poco inteligentes.
Con estos condicionantes era normal que la primera historieta importante sobre la Guerra de la Independencia  apareciera en el semanario Chicos a principios de 1942 en una serie titulada El Caballero sin Nombre. Esta serie abarcó tres aventuras dibujadas por Emilio Freixas, la primera con el título base de El Caballero sin Nombre finaliza en agosto de 1942, la segunda Guerrilleros españoles enlaza inmediatamente con la anterior terminando en enero de 1943, para concluir con La Partida del Chambergo  que se extiende de marzo a julio de 1944. Esta tercera parte no se publica a continuación de la segunda sino que tarda más de un año en aparecer. Los guiones eran obra de José Mª Huertas Ventosa, uno de los escritores más prolíficos del momento, especializado en  temas históricos de publicaciones destinadas a niños o jóvenes.
La historia de El Caballero sin Nombre se basa en una trama situada en el entorno de la aristocracia española. El protagonista que no tiene suficiente alcurnia para casarse con su enamorada - es calificado por la madre de ésta como un “caballero sin nombre”- se dedica a  luchar contra uno de los parientes, el Barón de Villanegra, que ha  raptado a la joven, todo ello dentro del marco de los acontecimientos del Dos de Mayo en Madrid.
Es necesario señalar en esta historia varias características que la hacen bastante original con respecto a otras posteriores. La Guerra de la Independencia es más bien un cuadro de fondo en el que se inserta las aventuras del protagonista. Las circunstancias históricas le salen al paso y él debe afrontarlas en los momentos de apuro, pero no pretende como fin principal la lucha contra los franceses, sino en todo caso liberar y enamorar a la hija de la Marquesa. El patriotismo de los personajes es relativamente moderado sin llegar a extremos de fanatismo. Los franceses son pintados con cierta elegancia sin que sus facciones aparezcan como seres deformes por la crueldad o maldad. Más aún, sus rostros son los de veteranos bigotudos y al igual que los uniformes han tenido un tratamiento relativamente correcto.
La importancia en el tratamiento que Chicos da al Caballero sin Nombre es notable. Aparece en  portada y una página interior en las dos primeras series y solo La partida del Chambergo abandona esa portada en beneficio de anuncios de otras aventuras o de una historieta cómica. Esto es importante, porque el semanario solo destinaba otras seis paginas a dibujos gráficos de un total de 16.
Con respecto al dibujante Emilio Freixas es curioso destacar que se le consideraba junto con Jesús Blasco uno de los puntales de las historias gráficas. Freixas que ya tenía cierta fama como ilustrador, actúa como tal en la primera aventura del Caballero sin Nombre. Los dibujos son de una alta calidad con un buen manejo del color.  Lo mismo se puede decir de los vestidos y la ambientación. Los bocetos de las calles o los interiores de las casas o posadas han sido reproducidos con gran cuidado.
En la primera serie El Caballero sin Nombre, Freixas trabaja en la portada con  un dibujo de gran tamaño que ocupa los dos tercios inferiores de la página combinado con un retrato de los protagonistas de medio o cuerpo entero. Al lado de este segundo dibujo aparece siempre el resumen de lo publicado y en la parte inferior un texto donde se describe la acción y se incluyen los diálogos. El método es totalmente ilustrador, más bien estático, incluso los dibujos principales tienen mucho de iconografía pudiéndose detectar ciertas referencias a cuadros o imágenes conocidas. Es evidente que la portada actúa como  elemento de captación para el comprador, que ante un dibujo grande de color, con una letra explicativa muy pequeña tendría que sentirse atraído por el semanario. El enfoque de la página interior es diferente. Está concebida como una especie de desarrollo de lo presentado en la portada en forma de varias viñetas, generalmente de tres a cinco, en las que se otorga más importancia a la acción y  en las que se sigue el mismo proceso que la portada tanto en los diálogos como en la narración. Como hecho histórico  importante se describen las luchas del Dos de Mayo en las que el protagonista, Don Luis, El caballero sin Nombre, toma parte activa junto a Daoiz y Velarde. Nueve ejemplares, del 214 al 222, con 18 páginas se dedican a esta efeméride, donde los habitantes, los oficiales y los mismos soldados franceses son dibujados con un detalle que Freixas cuida con esmero. La primera serie acaba el 17 de mayo de 1808 con el número 223, donde el protagonista y sus tres amigos planean viajar a Zaragoza en busca de Anunciación, la hija de la Marquesa y sueño del Caballero sin Nombre.        
Freixas presenta al protagonista de la serie rubio, con rasgos acentuadamente nórdicos, que le hacen distanciarse y diferenciarse notablemente del resto de los personajes. Los amigos aristocráticos son dibujados también con una fisonomía romántica. El pueblo español con el vestido de majos o majas de la época. Los franceses aparecen, como se ha dicho antes, con el aire de los veteranos, generalmente con grandes bigotes que no los hacen caer en el ridículo e incluso con cierto aspecto marcial. Los escasos oficiales españoles figuran con un tratamiento individualizado entre el pueblo. Curiosamente el protagonista no es un superhéroe, sino que más bien fracasa en varias de las acciones que emprende, es herido otras tantas veces y ofrece en consecuencia una figura contradictoria de nobleza y escasa suerte. 
 Freixas cambia el enfoque de los dibujos en la segunda serie, Guerrilleros Españoles, que comienza en el 223;  las portadas constan ahora de varias viñetas generalmente cuatro o cinco y los dibujos están provistos del típico bocadillo en el que se incluyen los diálogos. La comprensión ahora por parte del lector infantil es mucho más sencilla. La adaptación al cómic clásico norteamericano es  más evidente, aunque parece que la aventura ha perdido algo de su “virtuosismo ilustrador” en favor de esa comprensión y de una acción mucho más viva en cada página. Aun así, a pesar de reducir el tamaño de cada viñeta, el dibujante sigue cuidando el fondo, sobretodo el paisaje o las calles de las ciudades, incluso en las más pequeñas. Este cuidado de los fondos permite al lector tener una buena idea del dibujo global y en consecuencia de la ubicación real de los personajes en un determinado espacio. Esta atención no existe en las imágenes de otros realizadores donde la simplificación exagerada del dibujo que solo enmarca a los protagonistas, se ha perdido en aras del esquematismo y del consumo de la acción. De esta manera se llegará en tebeos posteriores a una especie de desvirtualización de la realidad.   En este sentido podemos afirmar que Freixas se adelanta muchos años a la escuela de dibujantes franco - belga en donde el cuidado por reflejar al máximo el marco histórico llega a absorber e incluso desbordar a las propias criaturas de los dibujantes.
En Guerrilleros españoles la acción se sitúa en la ruta a Zaragoza y dentro de la ciudad sitiada. En esta serie se da más importancia a las peripecias de los personajes que al propio marco histórico. Incluso la acción de defensa de la ciudad solo aparece como telón de fondo con una referencia obligada a Agustina de Aragón. La aventura continúa en la misma dirección, ya que el Caballero sin Nombre debe rescatar a su amada ahora recluida por su enemigo en Zaragoza y sometida a un engaño permanente con la identidad del protagonista. Su preocupación de disipar los malos entendidos, llega a colocarle en la paradójica situación de dejar en un segundo plano la defensa de la ciudad, a pesar de la petición que se le hace, para elegir la captura del malvado barón de Villanegra. Este ha hecho creer a Asunción que su rapto ha sido a inspiración del Caballero sin Nombre.

Finalmente la última serie, La partida del Chambergo, la trama es mucho más confusa que las dos anteriores; la acción se desplaza desde el pueblo de Tauste  al Madrid ocupado, en donde todo se desenvuelve en intrigas aristocráticas de la corte afrancesada. Por ello, este confusionismo se acentúa cuando los soldados que aparecen serían josefinos, aunque su uniforme se parece al que los españoles llevaban en los años finales de la Guerra de la Independencia. Los soldados actúan “en nombre del Rey”, son ayudados por los vecinos de Tauste y uno de los oficiales es primo de la protagonista. Curiosamente la madre de ésta acude a una fiesta “dada por aquellos nobles - vergüenza de la hispana raza - que en lugar de sumarse a quienes luchaban por arrojar el invasor se dejaban seducir por las dádivas napoleónicas y aceptaron entrar a su servicio.” La serie acaba cuando el Caballero sin Nombre sale de Madrid con Asunción y su madre  escoltados por la Partida del Chambergo disfrazados de soldados franceses. En definitiva, en La partida del Chambergo, la acción transcurre entre los protagonistas y sus oponentes españoles en lucha por sus intereses particulares, mientras que la invasión francesa solo se cita de vez en cuando por las largas explicaciones que aparecen en algunas de las viñetas. Esta última parte el relato parece mas bien dirigido a un público más adulto que las anteriores series, ya que los “malos” son españoles y los franceses casi no cuentan. Es posible que el guionista Huertas ventosa no pudiera transcribir con más libertad la serie de contradicciones en de los afrancesados en un momento  complicado políticamente para el Régimen como era el año 1944.   
Con respecto al dibujante parece obligado dar alguna información . Ya se ha indicado anteriormente que Emilio Freixas era unos de los puntales principales  del semanario Chicos. Como dibujante llega relativamente tarde al diseño de la historieta, a los 36 años, aunque su estilo está ya completamente perfilado. Desde muy joven fué discípulo del pintor Emilio Casals, trabajó en talleres de escenografía teatral ; a mediados de los años veinte colabora como ilustrador en las revistas El Hogar y la Moda y Lecturas así como de cuentos clásicos en la editorial Molino. En ese periodo, Freixas aparece como un pintor del mundo elegante de la moda muy lejano al ambiente cotidiano del país, pero que luego facilitará su trabajo como ilustrador de la llamada novela rosa. En 1935 se inicia como historietista en la revista Pocholo y luego en Mickey  de la editorial Molino, realizando diversas adaptaciones gráficas de novelas de aventuras que se encuentran a medio camino entre la ilustración y el cómic de forma parecida a la que se ha citado en la primera serie del Caballero sin Nombre. En 1939 pasa a trabajar en Chicos de la mano del guionista Huertas Ventosa con el que colaborará durante una decena de años. Su labor en Chicos dura hasta 1949, cuando Freixas, en mala situación  económica, muy cansado del poco aprecio que existía  para los dibujantes de historietas y coincidiendo con el inicio del declive del semanario, decide dedicarse plenamente a la ilustración y la enseñanza del dibujo. Solo volvió a dibujar algunas historietas en la revista Chito en 1974.
El dibujo de Freixas evoluciona progresivamente de una estática de la ilustración hasta una dinámica en donde el movimiento adquiere cada vez más importancia, llegando en historietas posteriores a las comentadas, hasta el simple boceto o apunte,  sin que ello afecte a su realización expresiva. Los dibujos son en la tercera parte del Caballero sin Nombre muy detallistas y en donde la perspectiva es uno de los elementos básicos para resaltar los primeros planos. Muy de lejos, nos podría recordar al creador del Príncipe Valiente, el dibujante americano Harold Foster. Cada viñeta se completa con un uso muy eficaz e inteligente del color que vitaliza los volúmenes y elimina los trazos innecesarios.   
Diez años más tarde de La Partida del Chambergo, en 1953 aparece Aventuras de Capa Negra. Se trata de 17 cuadernos a 23x17 dibujados por  A. Badía con guión de S. Dulcet editados por la editorial Ricart. El protagonista es una especie de Pimpinela Escarlata a la española que lucha contra la policía francesa en la capital de España. Como tal, se trata de un aristócrata de nombre Diego Miranda al que todos conocen por su cobardía y pusilanimidad, incluso su prometida Carmen Albenzu duda algún tiempo de su conducta. Los dibujos son bastante precisos y se sitúan siempre en un ambiente nocturno que es el escogido por el protagonista para sus correrías contra la policía o los soldados franceses. Se podría reprochar al dibujante una tendencia a la estática por el modo que trata las escenas de acción; da la impresión que los personajes casi no se mueven. El número de viñetas por página es de siete u ocho, destacando por su cuidado las primeras aventuras. La calidad baja bastante en los últimos cuadernos posiblemente para dar fin rápidamente a la serie. Como muchos tebeos de la época, Capa Negra adolece de un exceso de dialogo que puede llegar a aburrir al que sigue la acción. En contraste, los interiores y la decoración de los aposentos están bastante logrados así como las calles, especialmente cuando la acción se desarrolla de noche. Algunos dibujos presentan encuadres bastantes originales para la época, que se podrían calificar incluso de cinematográficos, como picados o perspectivas desde ángulos superiores.  
Aunque el semanario Chicos desapareció como publicación de Consuelo Gil en 1952, la editorial Cid intentó mantener su publicación como cuadernos de aventuras completas evitando la caída en el “continuará” que había perdido bastante atractivo entre los aficionados a los tebeos. Este deseo permitió la publicación de 69 ejemplares a un tamaño de 21x24 durante el año 1954. En el número 28 aparece una serie titulada El tambor de Granaderos dibujada por Santiago Martín Salvador basada en unos guiones de M. González Casquel, un antiguo colaborador de Chicos. El tambor de Granaderos se desarrolla en 8 episodios con un total de 15 páginas. El protagonista es un joven tambor del ejército español en Cataluña al que la sublevación le encuentra separado de su regimiento y que debe unirse a la guerrilla que había comenzado a aparecer cerca de Mataró. Se suceden las aventuras en las que el tambor, Jaime Marti debe afrontar para salvar a las mujeres de los franceses e incluso llevar noticias a la Gerona cercada. En esta serie los franceses son presentados con rasgos más crueles que en las citadas antes, no ahorrando los dibujos de españoles fusilados o mujeres azotadas. Como es lógico la venganza es unos de los móviles que mueven la actuación de los guerrilleros. Aunque la viñeta es de un tamaño reducido variando de 10 a 16 por página el dibujo está muy cuidado en lo referente a lugares, poblaciones o casas. No es extraño que Martín Salvador fuera luego  unos de los dibujantes de Mendoza Colt. 
En 1954 aparece Juan León. El guerrillero de Sierra Morena. Se trata de 16 cuadernos de historietas de 17x24, el tamaño más frecuente de esas ediciones, dibujados por José Grau con guión de F. Amorós y editados por una empresa que estaba muy vinculada al mundo del tebeo, Ediciones Toray de Valencia. En estos cuadernos, el dibujo es de trazos muy esquemáticos, que solo  trata de entretener a un público infantil, en donde el protagonista alcanza la cualidad de superhéroe comentada con anterioridad, mientras que los franceses son dibujados como malvados y poco inteligentes. La serie no tuvo mucho éxito. Los dibujos y la propia acción generaban un confusionismo cada vez más pronunciado entre guerrilleros, franceses y españoles. La acción se localiza en Sierra Morena así como en pueblos de los alrededores de Sevilla. Las escenas de batallas se resuelven con un esquematismo tan primitivo que impide conocer al lector quien es el vencedor. Como jefe de los “malos” aparece un tal “mariscal Dupont”, aunque su secuaz principal para enfrentarse al guerrillero figura el capitán Chacot y por parte de los españoles el “general Castaños” con su cuartel general en Utrera  junto con el general Navarro que para mayor confusionismo  comparte la misma ciudad de Sevilla que el “mariscal”??. Destaca entre detalles curiosos el protagonista se puede disfrazar y transformar en un mendigo con joroba como lo pudiera hacer la misma Pimpinela Escarlata. Muchos de los combates se resuelven con la espada y la crueldad no alcanza los grados de sadismo que ofrecían otras publicaciones de esos años. Para finalizar el héroe se compromete en matrimonio con la espía francesa del mariscal Dupont.
Luis Valiente se publica el año 1957 en 24 cuadernos a 17x24 realizados por Matías Alonso y guión de P. Muñoz. De forma similar al anterior se trata de presentar aventuras de persecuciones y emboscadas entre el protagonista y su eterno perseguidor, en este caso el capitán René - del que nunca se conocerá el apellido - dibujado con rasgos claramente orientales. Como solo se trata de exponer a un público infantil los esfuerzos del capitán René por capturar al guerrillero, todo se reduce a persecuciones entre la banda de guerrilleros y los soldados franceses. Como detalles curiosos se pueden resaltar que gran parte de la acción transcurre en Africa donde Luis Valiente acude a buscar a un  hermano desconocido. Los dibujos de estos cuadernillos son una clara imitación de las aventuras del Guerrero del Antifaz entonces en plena difusión. Puede ser que el mismo Matías Alonso, dibujante del Guerrero durante cierto periodo de tiempo en el que sustituyó al creador Manuel Gago en los cuadernos 421 a 502, dispusiera de material sobrante que podía ser aprovechado en estas aventuras. Al final de la historia el gobernador francés Dubois “continuará gobernando el pueblo a petición de los mismos españoles”!!, después de ser raptado por capitán René y liberado por Luis Valiente. La Guerra de la Independencia figura solo como una simple referencia a Bailén en el penúltimo cuaderno. El mismo Luis Valiente se comprometerá en matrimonio con Marcela, la francesa sobrina del Gobernador. Parece que estos guerrilleros deberán casarse con sus antiguas enemigas para ser felices. Es una vida curiosa la de nuestros héroes. Posiblemente los dibujantes querían sugerir algo con estos matrimonios.  Quien sabe. Quizás sea necesario investigar más a fondo esta tendencia a casarse con el enemigo que también aparece en el cine. 
En sus primeros años como dibujante de historietas, concretamente en 1943,  Manuel Gago, el creador del Guerrero del Antifaz hizo su primera versión particular de la Guerra de la Independencia en un cuaderno a 31x21 el mismo tamaño de la editorial Hispanoamericana titulado ¡Venganza y Guerra!. Este cuaderno se trata de un relato publicado en una serie de Grandes Aventuras donde se incluían guiones de películas conocidas. El cuaderno trata en sus 16 páginas de los acontecimientos del 2 de mayo apareciendo los conocidos héroes Daoiz, Velarde, el teniente Ruiz y los personajes populares de la familia Malasaña. En el dibujo los aficionados al tebeo reconocerán el mismo trazo, en cierto modo rudimentario, que caracterizaba los primeros cuadernos del Guerrero del Antifaz. La historia termina con la muerte de los protagonistas fusilados en la misma composición que el cuadro de Goya.
Gago volvió a tomar el tema de la Guerra de la Independencia en una serie de  cuadernos a 17x24 titulada el Guerrillero Audaz. La serie publicada en 1962 tuvo una vida muy corta ya que se redujo solamente a 26 números. Se desconoce las razones de que esta serie fuera tan reducida en un creador tan  prolífico que había llegado a 668 ejemplares con la primera serie del Guerrero del Antifaz, 230 con el Pequeño Luchador, 252 el Espadachín Enmascarado, 210 Purk el hombre de piedra.. Posiblemente la fórmula que había dado el éxito en otro tipo de aventuras no funcionó adecuadamente cuando los héroes de Gago debían luchar contra enemigos distintos de los pieles rojas, musulmanes o tribus prehistóricas.
 El planteamiento del Guerrillero Audaz es similar al de otras historietas de Gago. El protagonista, Diego es el hijo de un agricultor acomodado de un pueblo cerca de Madrid, que se ve inmediatamente involucrado en el inicio de la guerra, participando en el Dos de Mayo e inmediatamente debe lanzarse a la lucha por venganza, ya que los franceses han fusilado a su padre. Posteriormente hay una serie de persecuciones continuas en las que el héroe es acosado por un rival de nivel intermedio, el capitán Dunoy y cuando éste es eliminado por Diego le sustituye el general Lacastre - en ocasiones parece que ha sido degradado porque figura como coronel, lapsus debido a la necesidad de Gago de dibujar demasiadas series a la vez  -  tan cruel como el anterior. Parte de la acción - tres cuadernos de la serie -  tiene lugar en el sitio de Zaragoza donde el Guerrillero Audaz interviene en ayuda de los defensores. La serie acaba con el levantamiento del sitio después de la batalla de Bailén, como si la guerra terminara con este episodio, de forma parecida a los comentados antes. A diferencia de otros tebeos el creador vierte en esta serie las mismas constantes que aparecen en otras suyas: revanchismo, violencia, crueldad, rebeldía,  que tanto efecto producían en el consumidor infantil o adulto de esos años.
La aproximación histórica efectuada por Gago, además  guionista de la serie, es algo más fiel que las otras; se dibujan una serie de viñetas del Dos de Mayo,  aparece Murat, como una especie de gorila cruel y que además llega a tener un duelo a espada con Diego, así como el general Lefevre sitiando Zaragoza al que nuestro héroe deja atado y burlado en una ocasión. La serie sube el tono de violencia notablemente ya que los franceses aparecen como sádicos asesinos que fusilan y matan casi por el simple placer de hacerlo. El Guerrillero Audaz tampoco actúa con generosidad, tanto él como su partida actúan “desinfectando” el país de los invasores franceses llamados aquí en varias ocasiones “franchutes” en vez de “gabachos”. El personaje no se puede apoyar como en el caso del Guerrero del Antifaz en el trípode ideológico de raza, religión y patria sino en todo caso en el último de ellos. El uso de la patria es más frecuente, menos confuso y más sencillo que en otras historietas,  si bien en algún momento, se reprocha a la  clase aristocrática su traición. Aunque se habla de invasión francesa y defensa de España, el deseo de venganza es el principal motivo que mueve a la lucha al protagonista que continuamente encuentra motivos para querer vengar las atrocidades cometidas. Incluso, el mismo, es azotado por los soldados del general Lacastre en la fuente de un pueblo.  Más suave en el tema de la crueldad que el Guerrero del Antifaz, se trata de una lucha del bien contra el mal y de afrentas que deben lavarse con la muerte de un francés, cuando esta se ha cumplido, surge una nueva acción, la quema de un pueblo por ejemplo, que es preciso vengar con extrema violencia y así habría seguido si la aventura se hubiese prolongado más allá del número 26. No obstante esta serie a pesar de referencias históricas más  numerosas, no deja de ser un tebeo de difusión muy popular sin ninguna pretensión artística, para que sea fácilmente asimilable por público infantil con bajo su nivel cultural. Se podrían incluir aquí los mismos comentarios que otros expertos han efectuados sobre otras obras de Manuel Gago: la gran cantidad de violencia que emanan sus dibujos era una válvula de escape para un lector que vivía con una especie de rabia solapada y que la lectura del comic satisfacía, sin que transcendiese mucho más allá de una realidad desagradable.
Es destacar que en contraste con el Guerrero del Antifaz,  el protagonista pertenece al campesinado acomodado - en varias viñetas se le llama amo Diego - y no a la clase  aristocrática a la que Gago considera vendida al invasor. Lo mismo que otros modelos, Diego se hace acompañar por un forzudo gorila y un muchacho rubio además de un bandolero redimido por su patriotismo.             
A diferencia de Freixas como ilustrador, Gago es historietista nato. El dibujo de Gago en esta serie es dinámico dando importancia al movimiento y la figura dejando los fondos con grandes trazos a la imaginación del lector. No obstante, las figuras son en ocasiones confusas y descuidadas en los detalles, pero eso funciona, y además es eficaz para un público poco sensibilizado por las formas conseguidas o bien acabadas. Solo se trataba de dar al consumidor acción con un poco de situación ambiental y esto se cumple. La similitud de indumentarias y fisonomías es otra de las características de los dibujos efectuados con demasiada prisa, debido a la necesidad de publicar historietas para poder subsistir por parte del dibujante. En algunos dibujos se puede apreciar una cierta sensibilidad por el encuadre y la planificación, pero sin que se llegue a consolidar una estilística acabada debido a la urgencia de sacar el trabajo al mercado. No en balde, el hijo de Gago ha confesado que su padre viajaba mucho y que gran parte de su producción se hacía de hotel en hotel y a veces sin dormir .
El Sargento Furia ultima serie que aparece a tamaño 17x24, se publica en 1962, el mismo año que la de Gago, realizada por Juan Escandell y guión de Cassarel. Se trata de 36 cuadernos con un dibujo mucho más cuidado que los anteriores, pero casi con las mismas constantes que las tres series comentadas. Como puntos en común se encuentran una dosis de violencia fundamentalmente  basada en puñetazos. En las peleas se rehuye el empleo de armas de fuego y en menor medida las armas blancas como espada o puñales. Además la lucha cuerpo a cuerpo, proporciona a los dibujos una dinámica bastante bien concebida por el dibujante y en la que se puede rebajar el sadismo que aparece en la viñetas de Gago por tratarse de unos combates en los que se pelea “limpiamente”. El protagonista aparece con el uniforme del ejército todos los cuadernos ayudados por el clásico trío compuesto por Tamborín, un muchacho ayudante y un “gorila” con pierna de hierro.  A ellos se une Juana la Brava, una forzuda mujer que imprime en las peleas el tono humorístico.
Desde el punto de vista histórico su validez es nula, ya que solo se hace una referencia muy breve al ejército del general Lapisse en su travesía de la sierra de Guadarrama. Este ejército es atacado de manera fortuita por el  Sargento Furia y su partida de guerrilleros, si bien a diferencia del  Guerrillero Audaz, aquí no triunfan y  se retiran. La serie mezcla diferentes acciones que se superponen, lo cual crea un cierto confusionismo en el lector infantil. Aparecen tres viñetas de tono patriótico explicando la lucha de todo el pueblo español contra los franceses, pero el nivel de heroísmo colectivo es notablemente bajo. Solo cuentan las aventuras individuales en las que los “malos”, en este caso el coronel Corbeau , el capitán Besanmont, y el teniente Des Brieux, les interesa mucho más hacerse con el tesoro de un corregidor que el exterminar a los guerrilleros del Sargento Furia. Los soldados franceses aparecen en ocasiones con uniformes de la época republicana, lo cual demuestra el nulo interés de los realizadores por estos detalles, si bien estos defectos son comunes a casi todos estos cuadernillos.
Como aspecto positivo hay que resaltar la calidad del dibujo. Como se ha indicado antes, se trata de dibujos más cuidados de mayor tamaño. El número de viñetas por página suele ser de cinco, mientras que en el caso de Gago sube hasta diez, lo cual permite cuidar los fondos y los detalles de ambientación. Muchos de los dibujos se hacen en perspectiva, con amplios planos casi cinematográficos o en forma de picado de diseño muy eficaz, que consiguen que el lector se interese por la acción. 
Las tres series descritas anteriormente pertenecen a un periodo de los tebeos españoles que a finales de los años sesenta comienza a evolucionar hasta desaparecer. Esta evolución se caracteriza primeramente por un descenso general del tipo de publicaciones en cuadernillos del tamaño 17x24 en blanco y negro, impresos con urgencia en mal papel, sin o con poca calidad artística, debido entre otras razones a que los lectores van encontrando en la expansiva televisión un medio de distracción más rentable económicamente y también más cómodo. La industria de los tebeos se enfrenta además de esta baja del interés por las series de aventuras a unos costes de producción cada vez más crecientes que van reduciendo las tiradas. Por otro lado, comienza a introducirse en el mercado español, bien en revistas de difusión general o en los periódicos, los comics europeos especialmente el franco-belga que entonces se  encontraba en gran auge debido a su alta calidad de producción y diseño.   
En este contexto tan peculiar de primeros años setenta se inicia una especie de recuperación de los tebeos auténticamente españoles a través de la revista Trinca. Esta revista estaba vinculada a la Secretaria del Movimiento por medio de su editorial Doncel que había centralizado todas las publicaciones de formación política así como los libros recreativos. Trinca se edita con las mismas ideas del semanario Chicos sin ningún tipo de insistencia ideológica - en 1970 el contexto social y político estaba evidentemente en otra onda - con una gran atención a las aventuras, la recuperación del color y a la calidad de los dibujantes. La revista se publica con secciones pedagógicas, cinematográficas, deporte, historia, divulgación, música, técnica. Su equipo de dibujantes era de primer orden, algunos rescatados del extranjero para la edición y otros se iniciaron como creadores en ella, pudiendo citarse a Antonio Hernández Palacios, Víctor de la Fuente, Esteban Maroto, Juan Arranz, Carlos Giménez, Brocal Remohi, Bernet Toledano, etc...
En la revista Trinca se inicia en el primer número una larga serie de aventuras a todo color con tratamiento caricaturesco llamada Los Guerrilleros dibujada por Juan Bernet Toledano con guión de Andrade que en algunos momentos se le podría encontrar algunos rasgos parecidos al Asterix que se había editado con éxito en Francia. Los protagonistas son varios y se habían escogido como si representaran a las diversas clases sociales que luchan contra el invasor. Así aparece un escritor apodado el “Topo Poeta”- el único que no es dibujado con rasgos caricaturizados - un pastor Antón Cabrera , un arriero Mateo Montoya “el Tralla”, un sacerdote Adrián Tejada, y el general Pedernales al frente de la partida.
La serie se desarrolla a partir de episodios de 8 páginas en los primeros números de la revista. El guión es siempre parecido: los guerrilleros desmontan las numerosas trampas que el general “Dubont” y sus subordinados tratan de hacer caer a los protagonistas, los cuales siempre triunfan poniendo en fuga o en una derrota ridícula a sus oponentes. La clave humorística se trata con cierto ingenio y humor en los primeros números, pero con el paso del tiempo, este ingenio decae y los episodios se hacen reiterativos perdiendo su atractivo inicial. La opinión de los lectores que en el correo de los primeros números de Trinca la situaba entre las mejores historietas, evoluciona poco a poco hasta juzgarla en los números  27 y 28 como “poco realista, exagerada, infantil, demasiado larga y muy reiterativa”. En definitiva, se la califica como un “Asterix a la española”. De esta manera la serie se va poco a poco espaciando en los números sucesivos al 35 hasta desaparecer en el 43.
El tratamiento histórico se hace en función de los diversos episodios mezclando en el tiempo los diversos acontecimientos. Esto causa confusión en un lector que no conozca el orden cronológico de la Guerra de la Independencia. Así en un episodio se trata de la batalla de los Arapiles , en otro posterior la de Bailén, e incluso la derrota de Ocaña etc.. No obstante la serie hace referencia - por contraste con las anteriores comentadas - a un mayor número de hechos y personajes como el cura Merino o el propio Wellington.
En 1985 la desaparecida editorial Ikusager publica La Batalla de Vitoria en una colección denominada Imágenes de la Historia que comprende varios  títulos dedicados a la Guerra civil española y otros correspondientes al Cid procedentes de la revista Trinca. La batalla de Vitoria está concebida como una descripción más cercana al combate evitando el uso de protagonistas únicos y dando toda la importancia al desarrollo de la acción. Incluso para seguir con detalle la batalla aparece un plano detallado en la contraportada y en la primera página. La editorial había encargado el dibujo al realizador argentino José Luis Salinas, pero este falleció cuando solamente había finalizado seis páginas terminando la obra el dibujante español Adolfo Usero. El guión es de Felipe Hernández Cava e incluso se suministra al final una bibliografía básica bastante aceptable. El fallecimiento de José Luis Salinas podía dar lugar a ciertas suposiciones sobre la alta calidad artística que esta publicación habría alcanzado, no obstante el meritorio esfuerzo de Usero por continuar y finalizar con bastante rigor los bocetos de Salinas. El dibujante argentino era el conocido creador del personaje Cisco Kid que se publicó en tiras diarias durante 17 años en varias revistas y periódicos. Era un creador que se documentaba perfectamente de los uniformes que correspondían a un episodio histórico que abordara.
La Batalla de Vitoria se inicia con una breve referencia al ejército francés en su retirada a Francia, en la que se presenta un grupo de soldados españoles encuadrados en el ejército del rey José, uno de los cuales regresa a su casa donde se le informa que su hermano está en las filas del general Morillo. Con ello ya se apunta que en la batalla y en la guerra había españoles en los dos bandos. El  relato describe con precisión los planes de ambos ejércitos antes del enfrentamiento y pinta con habilidad el desarrollo de la lucha especialmente las acciones que tienen lugar en los puentes del río Zadorra. No se ocultan al mismo tiempo el convoy de refugiados y las posibles venganzas con los afrancesados capturados. En la última página, el  relato regresa a los dos hermanos, que se separan después que ambos se definen como luchadores de la libertad y uno de ellos ya pronostica el retorno de Fernando VII para abolir las libertades y restaurar la Inquisición.
La obra proporciona una sensación de narración a medias, inacabada, ya que se desconoce si la intención de los editores era efectuar más publicaciones sobre el tema de la lucha contra Napoleón. La trama desarrollada parece insuficiente para cubrir el marco histórico en que se desarrolla esta acción. Hay que reconocer que es una lástima que la editorial Ikusager no haya publicado otros episodios sobre la Guerra de la Independencia, ya que este volumen tanto por su exactitud histórica como por el cuidado de los dibujos, especialmente los uniformes, es posiblemente el mejor tebeo publicado hasta la fecha sobre este tema.
Finalmente hay que citar la meritoria publicación de La Historia de España en comics de la editorial Genil que aparece en 1986  y donde el tratamiento de la Guerra de la Independencia ocupa 75 paginas del tomo 7 con ilustraciones de buena calidad realizadas por un equipo compuesto por Francisco Agrás, Alberto Solé, Luis Collado, Felix Carrrión y J. Marzal.
La presentación que aparece en este volumen sobre la guerra es muy completa y si bien se extiende bastante en acontecimientos como el Dos de Mayo, Bailén y los sitios de Zaragoza y Gerona, cada dibujo mantiene, con un dialogo muy conciso pero eficaz, su propia identificación de la acción descrita. Aparecen imágenes  de las principales batallas e incluso de acciones poco conocidas como Elviña, Albuera, Castalla, Ocaña que han sido muy poco o nada tratadas por los dibujantes o pintores españoles. Los dibujos  muy efectivos en su diseño,  están, en parte,  inspirados en cuadros conocidos, pero la intención de los realizadores parece que no es ocultar esta semejanza, sino más bien recordar al lector la fuente de inspiración, ya se trate de Goya , Casado del Alisal o de otros. Finalmente la descripción tiende a señalar que la lucha tuvo una larga duración con multitud de hechos en los que se ha profundizado poco como la toma de Badajoz, el hambre de Madrid, el recibimiento clamoroso al rey José en Andalucía, los excesos de las guerrillas etc... En resumen, las últimas dos obras comentadas son  de lo mejor que se ha tratado en España desde el punto de vista de tebeo, historieta gráfica o cómic, y ambas proporcionan al lector la impresión general de los hechos, con el uso de unas imágenes, que siempre que sean eficaces en su ejecución, proporcionan una idea bastante cercana de los acontecimientos transcurridos.
Los comentarios de los tebeos o comics anteriores proceden de diversos ejemplares que se han podido localizar en diversas librerías especializadas tanto en libros antiguos como en este tipo de publicaciones. Es evidente que existe mucho más material que no se ha podido encontrar y otro que dada su escasez tiene unos precios  muy elevados en el mercado de tebeo antiguo. Así, se podría citar la publicación francesa François Jullien realizada por Delhousse y Jamar de tres episodios, única que se conoce publicada fuera de España sobre la Guerra de la Independencia.
            Para terminar, se pueden repetir las mismas consideraciones que se han escrito sobre como se puede reflejar la historia en los comics o los tebeos . Hasta los años ochenta el entorno ambiental de los tebeos publicados en España sobre la Guerra de la Independencia ha sido totalmente pasivo y una excusa para relatar hechos o aventuras que poco o nada tenían que ver con el acontecimiento. Una excepción debería hacerse de la obra de Freixas que no ha tenido continuadores inmediatos. De hecho, se han tratado de publicaciones para el consumo de masas destinadas a vender  lo mejor posible sin ningún cuidado por el marco histórico, la narración, los hechos, los personajes y menos aún por la ambientación. A partir de los años setenta una serie de ilustradores españoles abordan el tema histórico con gran fidelidad y cuidado llegando a realizar pequeñas obras maestras, pero por desgracia no se tuvo interés en abordar el tema de la Guerra de la Independencia. No referimos a dibujantes de la talla de A. Hernández, Palacios, José  Ortiz, etc.. Desde entonces solo se han realizado dos intentos que podrían considerarse satisfactorios pero que al mismo tiempo han sido incompletos. Y esto es una lástima, porque la Guerra de la Independencia ha sido tan rica en acontecimientos, que podría haber llegado a crear multitud de héroes de uno y otro bando que deberían haber creado infinidad de viñetas de aventuras.
En la actualidad la publicación de los comics está en baja en España aunque no ocurre lo mismo en Francia, y otros países. ¿Quiere  esto decir que el dibujo estático y artístico deberá aplazarse por cierto tiempo? Quizás en los próximos años, el ordenador será un nuevo medio de trabajo que facilite realizar viñetas con más rapidez y eficacia que el lápiz. Es posible que los  héroes de la Guerra de la Independencia  que duermen todavía en el túnel del tiempo, despierten, cobren vida y se lancen a contarnos sus aventuras. De esta manera, podrán volver a fascinarnos con sus hazañas tanto a  jóvenes como a los adultos de la misma forma que lo hicieron durante  los años a los que la nostalgia nos hace regresar para leer estas aventuras.

                                                          Jesús Maroto

 
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