BIBLIOGRAFÍA

Un dia de colera
AUTORPerez-Reverte, Arturo
EDITORIALAlfaguara, Madrid
AÑO2007
TEMANovela Historica
ÍNDICE
COMENTARIOS
PÉREZ-REVERTE, Arturo Un día de cólera, Madrid, Alfaguara, 2007; 401 págs.

Arturo Pérez-Reverte ha escrito, como es costumbre en él, un libro extraordinario. Muy pocas veces me ha hecho tanta ilusión reseñar un libro y me temo que la reseña no estará a la altura de lo que este magnífico libro se merece. En la racha conmemorativa en la que estamos inmersos la bibliografía sobre la Guerra de la Independencia y el Dos de Mayo es la epidemia de las librerías; de esta vorágine libresca (o mejor sería decir editorial) pocos libros se salvarán, pero Un día de cólera va a quedar como lo que es: un espléndido libro de lectura obligada para todo aquel que quiera conocer la esencia que subyace no sólo en aquella jornada, sino en la Guerra de la Independencia. Asuntos que en El húsar o en La sombra del águila se tocaron muy de pasada, en el libro que nos ocupa se desarrollan plenamente.
Un día de cólera es un libro de historia, de una gran categoría y rigurosidad; de igual manera que se aprende mucho más sobre la Revolución Francesa leyendo Historia de dos ciudades de Dickens que leyendo un sesudo manual universitario; todo aquel que esté interesado en conocer desde dentro cómo fue la jornada madrileña del Dos de Mayo sacará conclusiones más certeras si se regala unas horas de lectura de este libro y deja a un lado otras “novedades” que sólo hacen repetir una y otra vez los lugares comunes que ya se han escrito, y mejor, en otros libros.
Como todos los buenos estudios no es, el que nos ocupa, un libro que se haya escrito de la noche a la mañana. Eludiendo el enorme trabajo puramente narrativo o literario que debe tener el ensamblar tantos personajes y tantas historias individuales para que finalmente todas ellas concurran en un mismo espacio muy limitado; sólo el conocimiento de ese periodo histórico y el manejo de un repertorio documental y bibliográfico requiere de muchos años que son los que, sin duda alguna, ha debido emplear Pérez-Reverte para poder escribir estas páginas. El autor conoce el periodo histórico que está tratando, conoce la bibliografía (indispensable Juan Pérez de Guzmán y Gallo), las fuentes y, por lo tanto, sabe de lo que habla. Se puede o no estar de acuerdo, pero la rigurosidad y el conocimiento con el que aborda la interpretación de aquella jornada es algo que no admite discusión. Pérez-Reverte ha cogido los nombres que aparecen en la documentación de archivo y en los libros y les ha dado vida, esta ha sido la única licencia imaginativa o literaria o creativa que se ha permitido; nos ha contado cómo murieron, por qué estaban allí, que les movía, etc.
Pérez-Reverte es un gran conocedor de la historia naval como quedó reflejado en su Cabo Trafalgar; pero también sabe, y mucho, de historia militar: la carga de los coraceros, la descripción de los uniformes, el empleo de las armas, etc… son páginas que sólo las puede escribir alguien que esté muy documentado y que sepa de ello. Otra virtuosidad que tiene Un día de cólera es introducir al lector por las calles de Madrid en aquella jornada; al tiempo que vamos leyendo el autor consigue que nos adentremos en el escenario madrileño y tengamos la sensación de que vamos acompañando al personaje que en ese momento es el protagonista; cuando se ha leído el libro resulta imposible volver a pasear por la Puerta del Sol, por la Plaza de Oriente, la Carrera de San Jerónimo o la Plaza del Dos de Mayo sin que nos lleguen a la mente ráfagas de lo que ocurrió en aquellos lugares, sin que imaginemos lo que allí se vivió e intentemos rememorarlo de una manera rara porque no hemos sido testigos. Y esta es una de las maravillas del libro; pido al lector que haga la prueba, después de leerlo que se de un paseo por la Puerta del Sol, la verá de otra manera; en este aspecto ni siquiera Mesonero Romanos en su manual de El antiguo Madrid alcanza la maestría de Pérez-Reverte que sólo es comparable a las divertidísimas y maravillosas páginas escritas, también en el siglo XIX, por Richard Ford en sus paseos por España. La visión del Dos de Mayo que aporta Pérez-Reverte está alejada del mito de toda España levantada contra Napoleón; ahora que estamos celebrando y sufriendo el bicentenario podemos observar como muchos oportunistas (sobre todo políticos -con sus Fundaciones- y entre ellos los Ayuntamientos, por ejemplo el de Móstoles) hacen patrioterismo sobre los rescoldos del Dos de Mayo y de la Guerra de la Independencia; todas las alusiones a la Nación tienen un significado más cercano a los intereses políticos del momento que a un análisis riguroso e histórico de lo que significó todo lo que se vivió entre 1808 y 1813; pero este sería otro tema. Como muy bien apunta el autor, a la calle salió la gente humilde a montar bronca contra los franceses seguramente sin tener conciencia de la trascendencia de ese jolgorio e ignorando que la cosa podría ir más alla. Más meditada fue la intervención de los capitanes Daoiz y Velarde y eso que el primero lo hiciera quizá al verse envuelto por unas circunstancias muy concretas. La idea de toda España levantada en masa contra el francés es una construcción que vino después, o quizá no mucho después, ya en 1812 las Cortes de Cádiz hablaban en estos términos: “Deseando las Cortes gs y extraords tributar à nbre de la Nacion à quien representan, el justo homenage de gratitud y reconocimiento debido à la memoria de las primeras victimas de la libertad Española, sacrificadas en Madrid à la perfidia Francesa en el horrible y glorioso Dos de Mayo de 1808, han resuelto asistir con la Regencia del Reyno el dos de Mayo proximo à la funcion de Yglesia que con este objeto debe celebrarse en la Catedral de esta Ciudad…..”; y la Regencia, a su vez, insiste ese mismo año de 1812 en hablar de “….las primeras victimas de lalibertad española sacrificadas en Madrid el 2 de Mayo de1808….”; cuando seguramente muchos de los que en 1812 asistieron a esta “celebración” eran los mismos que en vísperas de aquel Dos de Mayo y ese mismo día proclamaban obediencia y buen trato al francés. Otros no quieren participar de esta “algarada callejera”; por un lado el pueblo enfadado que sale a la calle de una manera visceral orgulleciéndose de defender el Altar y el Trono; frente a los que permanecen en casa, observando el panorama desde la ventana porque aun reconociendo la crueldad de los franceses no pueden, tampoco, obviar lo que significaba la Ilustración y la Revolución Francesa, las luces, la razón…..; sabían que el “sueño de la razón produce monstruos” porque cuando se deja dormir a la razón se está indefenso a las agresiones de todos los monstruos: la monarquía absoluta (incluso constitucional), la Iglesia, el oscurantismo del Antiguo Régimen, en definitiva. Creo que este es uno de los mayores logros del libro, a saber: el hacernos pensar alejados de todo patrioterismo barato y de baja estofa y plantearnos seriamente si hubiera sido más inteligente estar al lado de los franceses en vez de apoyar a los curas, a Fernando VII y a su tito Antonio. Por cierto, en 1823 volvieron a entrar, pero en esa ocasión no hubo Dos de Mayo; pero este es otro tema…
En definitiva; un libro de historia, excelente y riguroso. Un libro que a cualquier historiador que se ocupa de este periodo le hubiera gustado escribir. El libro que a mí me hubiera gustado escribir.
Marta Ruiz Jiménez

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